jueves, 12 de abril de 2018

Palestina, un tesoro en El fango

En Oriente
las arenas son rojas. 

El antes mendigo y perseguido 
se protege bajo el manto del que alguna vez 
fue monarca del mundo
y se olvida viendo hacia el otro lado 
que en Europa también fue mendigo. 

Punta pie tras punta pie,
hundiste el odio en la carne Palestina 
y paso a paso 
le robaste su tierra a punta de fusil y muerte.

Miles de súplicas al viento desde esa prisión 
y miles de mensajes en botellas 
que no son de cuento 
y no tienen un final feliz. 

La pesca se ha vuelto un campo de tiro, 
en el cual los inocentes navegan bajo la mira siniestra 
de los pájaros sin alma 
que los despedazan desde el aire cual demonios del mal.

El surco de paz que otros trazaron 
quedó en la arena, por el pensamiento y la búsqueda del entendimiento 
y se borró en la brisa de ese mañana de esperanza 
que nunca, nunca llega, quizá por ser mañana.

La mirada envejece viendo el horizonte, 
esperando la respuesta del mundo 
que se alerta prominente por la muerte lejos en esa tierra pisoteada, 
pero se descansa en vergonzosos discursos de humanidad

Y se alerta presuntuoso en reverencias al monarca 
de vestiduras azules manchadas de sangre 
que lleva con orgulloso despotismo su medio centenar de estrellas 
que hoy brillan con pálido semblante y escondidas derrotas.

Reconforta y conmueve  al mundo 
tanto heroísmo Palestino
pero también entristece y perturba 
su miserable existencia. 

¿Será que llegó el momento de la libertad?
¿O seguiremos siendo prisioneros de la Dictadura mundial?

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